EL ULTIMO POETA DE LA TIERRA
El último poeta de la Tierra
coloca,
ladrillo a ladrillo,
las palabras prohibidas
en el último atardecer
de su mundo en ruinas.
"Soy comida para fantasmas",
dice el primer verso,
y una calima de sílabas malditas
parece brotar de las páginas
que carga a sus espaldas.
No tiene quién le lea,
el último poeta de la Tierra,
pero las letras siguen encadenadas
a sus cuadernos de notas
y sufren la condena de atravesar
la frontera que separa
el corazón del olvido.
No son mártires,
pero tampoco heroínas.
Jardines sin sombra,
teñidas de dolor,
el poeta incurable
sigue mirando el mundo
con sus páginas en blanco,
paraíso virgen sin rimas,
sin leyes, sin trampas.
El fuego no puede matar
estas palabras que sueñan
con ser infinitas.
El último poeta de la Tierra
no sabe cuando escribirá
sus últimos sueños,
pero por si acaso
nunca los termina
con un punto y final,
sólo con un silencio,
que alza el vuelo del poema
y se va,
sin alas,
sin dueño,
más allá del último suspiro
del último poeta en la Tierra...
coloca,
ladrillo a ladrillo,
las palabras prohibidas
en el último atardecer
de su mundo en ruinas.
"Soy comida para fantasmas",
dice el primer verso,
y una calima de sílabas malditas
parece brotar de las páginas
que carga a sus espaldas.
No tiene quién le lea,
el último poeta de la Tierra,
pero las letras siguen encadenadas
a sus cuadernos de notas
y sufren la condena de atravesar
la frontera que separa
el corazón del olvido.
No son mártires,
pero tampoco heroínas.
Jardines sin sombra,
teñidas de dolor,
el poeta incurable
sigue mirando el mundo
con sus páginas en blanco,
paraíso virgen sin rimas,
sin leyes, sin trampas.
El fuego no puede matar
estas palabras que sueñan
con ser infinitas.
El último poeta de la Tierra
no sabe cuando escribirá
sus últimos sueños,
pero por si acaso
nunca los termina
con un punto y final,
sólo con un silencio,
que alza el vuelo del poema
y se va,
sin alas,
sin dueño,
más allá del último suspiro
del último poeta en la Tierra...